La pandemia de COVID-19 desnudó las vergüenzas preexistentes de una región caracterizada por ser la más desigual y violenta del planeta. América Latina y el Caribe es, en efecto, una región donde estas características, en conjunto con la pobreza —es decir, la privación inaceptable de condiciones materiales, sociales y económicas, o según Sen (2006) y Mancini (2018), junto con la violación y falta sistemática del pleno ejercicio de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de su población—, conformaban un panorama desalentador, lleno de urgencias que invitaba a la creación de nuevos pactos sociales.
El mundo poscovid-19: ¿cambio de paradigma? (Latinoamérica21, Konrad-Adenauer-Stiftung)