Cuando la tierra tiembla, no solo se tambalea la infraestructura física, sino la de comunicaciones. Al tenor del desastre que se genera en torno al epicentro, también las ondas de mensajes viajan aceleradamente. Luego de ponerse a salvo, la reacción inmediata de las personas es tratar de verificar cómo están los suyos.
Cuando la angustia inicial se contiene, comienzan a llegar las noticias, pero también los rumores que, sin duda, pueden causar otro tipo de daños. Sabemos que los bulos viajan rápido, por múltiples vías, y que pueden tener consecuencias indeseables para las personas y las comunidades que necesitan ayuda.
¿Cómo circuló la información sobre el sismo en la primera semana en Panamá?
El Observatorio de Desinformación del CIEPS rápidamente abrió un proyecto para conocer cómo se comportó el flujo informativo luego del sismo. Durante una semana se monitorearon los contenidos en torno al terremoto y sus réplicas. Aún en etapa experimental, por lo que los datos obtenidos son limitados, la herramienta automatizada, que hemos construido en alianza con la empresa ARPIA Intelligence, arrojó algunos resultados que nos parece pertinente compartir.
Los primeros días, la herramienta observó una conversación dominada por el descontento ante la ausencia de voceros técnicos que explicasen los riesgos y las causas naturales del fenómeno, un vacío informativo en el cual comenzó a ganar terreno la proliferación de teorías conspirativas que vinculaban el evento con intereses extranjeros, mineros, o con el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés), un programa de investigación científica de la Universidad de Alaska Fairbanks (EEUU) que se encarga de estudiar a la ionósfera, la capa más externa de la atmósfera.
Según ha documentado el equipo de Chequeado, una ONG especializada en verificación, en plataformas como Tik Tok, Telegram, YouTube y Facebook, una teoría conspirativa sostiene que el proyecto HAARP es utilizado para manipular el clima, causar terremotos y hasta controlar la mente humana.
En paralelo, el Observatorio detectó algunos mensajes que registraron el rechazo hacia el aprovechamiento político o publicitario de la tragedia, junto con expresiones puntuales de solidaridad hacia la población afectada, aunque estas últimas representaron una proporción menor del discurso.
Conforme pasaron los días, cambió el patrón dominante por el de la amplificación institucional: el mensaje oficial de la declaratoria de emergencia por parte del gobierno se replicó de forma literal y simultánea en múltiples plataformas, concentrando el grueso del alcance.
En paralelo, se consolidaron dos contranarrativas de menor volumen, pero con voceros identificables: una que exige revisar las prioridades de inversión pública y otra que denuncia el uso político del desastre.
De seguidas, apuntamos los bloques temáticos detectados mediante el rastreo automatizado de información:
Seguimiento posterior
El Observatorio ha seguido monitoreando el entorno informativo. Pasada la primera semana, se le consultó sobre las narrativas predominantes. El resultado del análisis automatizado apunta a que “existe una asimetría entre el contenido publicado y la conversación generada en el entorno digital: los medios y las instituciones dominan el volumen con un cuadro neutral centrado en la ayuda, mientras que la audiencia responde mayoritariamente desde la desconfianza institucional y la sospecha sobre el origen del evento”.
Conclusiones preliminares
Aunque debemos insistir en que estos resultados son producto de una exploración de carácter muy experimental, nos parece oportuno señalar varias cosas de modo preliminar.
Un ecosistema informativo fuerte, que cuente con la confianza de los ciudadanos, es un escudo de contención contra mensajes maliciosos que acrecientan la incertidumbre y elevan el tono del pánico colectivo.
El Observatorio de Desinformación del CIEPS parece confirmar la tesis según la cual, en casos excepcionales como el que está atravesando Panamá, contar con información oportuna y de calidad es vital para contener los rumores y el miedo; asimismo, para detectar y reconocer los distintas aproximaciones sobre una emergencia que, de distintas maneras, afecta a todo el país.
En casos de emergencia, para que la comunicación sea efectiva debe estar basada en la confianza entre los que saben (expertos), los responsables (autoridades) y los afectados. Este es el elemento clave para que las personas atiendan las recomendaciones que se les brindan. Para lograr la confianza, la escucha activa y la empatía son básicas pues permite la comprensión de las preocupaciones y las percepciones de los afectados.
Esta tabla resume algunos Principios de la Comunicación de Riesgo que recoge la literatura.
