El COVID-19 podría representar un golpe al Producto Interno Bruto global de por lo menos la misma magnitud de la Gran Recesión del 2007-08 (te Velde, 2020; IMF, 2020). En Panamá este impacto ya se está viendo reflejado en el descenso del tráfico por el Canal y en el uso de servicios portuarios, la reducción de tráfico aéreo, la caída del sector turístico, la postergación de proyectos de infraestructura, la disminución en los gastos de consumo y el incremento del desempleo. Por su parte, esta desaceleración económica implicaría un derrumbe en la ya limitada capacidad del gobierno panameño de recaudar impuestos (IFECI, 2019), y disminuiría las contribuciones de las empresas estatales al Presupuesto General del Estado.
Medidas económicas
El Gobierno se ha comprometido a reenfocar sus gastos para reforzar la resiliencia sanitaria nacional y responder al COVID-19. Estas medidas en su mayoría representan retos logísticos y administrativos, pero cuentan con objetivos razonablemente claros y la voluntad política para ser resueltos. Por otra parte, se han anunciado medidas económicas que en su mayoría no han sido utilizadas en Panamá en los últimos 30 años. Por su relativa novedad, su proceso de implementación tendría que reducir los efectos económicos del COVID-19 y, al mismo tiempo, redefinir las reglas del juego para el uso de estas medidas, y cuál sería la relación más efectiva entre el sector público, el sector privado y las onegés para lidiar con la pandemia.
El estado de emergencia declarado este pasado 13 de marzo sirve al Ejecutivo como fundamento para flexibilizar las decisiones de cómo, cuándo, dónde y para quién utilizar los fondos públicos. Por ejemplo, esta medida ayudaría de manera casi directa a levantar la demanda y oferta a corto plazo, al flexibilizar el proceso de contrataciones públicas y las reglas del déficit fiscal. El Órgano Ejecutivo ya ha ordenado la eliminación de aranceles de productos higiénicos y ha comenzado a implementar un programa de libretas de alimentación y medicinas por 50 millones de dólares.
Renegociando la relación entre lo público y lo privado
Por otra parte, las medidas que pudiesen revigorizar la demanda y oferta agregada a mediano y largo plazo han sido menos directas. En particular, el gobierno ha optado, hasta ahora, por posicionarse como un agente facilitador de las actividades del sector financiero. Este es el caso de la eliminación de la restricción del uso de la provisión dinámica, o las reservas que mantienen los bancos como parte de su manejo prudencial. Esta provisión representa más de $1,200 millones. Este no es un dinero que el gobierno ha transferido a los bancos (o sea que no sale del bolsillo del contribuyente ni proviene de la deuda pública), sino fondos que los bancos tenían guardados como resultado de una acción consensuada entre ellos y la Superintendencia de Bancos para enfrentar situaciones de emergencia como esta. A diferencia de la clara intervención en el mercado de comercio al por menor (ordenando, por ejemplo, cierres de locales de entretenimiento, o monitoreando y multando prácticas de especulación de precios), el gobierno ha respetado la tradición de autorregulación e independencia de la banca panameña que para algunos se sustenta en la falta de un banco central y en la creencia en que “lo que es bueno para el sector bancario es bueno para el país”. A nivel mundial, esta no sería la primera vez que el sector financiero y el gobierno han tenido que renegociar sus roles en el sistema de mercado. Más recientemente, las lecciones de las medidas tomadas durante la Gran Recesión de 2007-2008 pudiesen darnos pistas de las políticas más efectivas que podrían activar la demanda y crear incentivos para lograr cambios en nuestro aparato productivo (Solimano, 2017).
Finalmente, el gobierno busca delinear directrices de cómo, cuánto, y para quién serían los recursos del Fondo de Ahorro de Panamá (FAP). Existen tres posibilidades (no mutuamente excluyentes):
El valor de la democracia
El COVID-19 afectará el nivel de actividades económicas a corto y largo plazo. En los próximos meses, las reglas del juego y el rol del sector público en actividades comerciales y financieras serán replanteadas. Cuán permanentes sean estos cambios dependerá de la severidad del impacto económico y su longitud. A falta de recursos y por la gravedad de la pandemia, es poco probable que el gobierno pueda monitorear formalmente el impacto de estas medidas económicas o involucrar a un sector amplio de la población en procesos de deliberación. Como ciudadanos, desde donde estemos, debemos examinar cada nueva acción propuesta y cuestionar constantemente quiénes se benefician directa e indirectamente de ellas; cómo ayudan a levantar la oferta y demanda agregada y cómo redefinen la relación entre el sector privado, el sector público y las oenegés.
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Referencias
ICEFI, 2019. Perfiles macrofiscales de Centroamérica No. 12. Disponible aquí.
IMF, 2020. IMF Managing Director Kristalina Georgieva’s Statement Following a G20 Ministerial Call on the Coronavirus Emergency. Disponible aquí.
Mazzucato, M. 2018. The value of everything: Making and taking in the global economy. Public Affairs.
Solimano, A. 2017. Élites económicas, crisis y el capitalismo del siglo XXI. La alternativa de la democracia económica. Fondo de Cultura Económica.
te Velde, D. 2020. The economic impact of coronavirus: five lessons and challenge. Overseas Development Institute. Disponible aquí.