La política concita avatares que se suceden de manera vertiginosa cada día con aconteceres muy diversos protagonizados por diferentes actores sociales. Su desarrollo viene impreso por la cadencia que imponen las instituciones insertas en el entramado complejo que es el sistema político. Sendos procesos no van aislados, sino que registran una relación permanente cuyo eje de actuación no resulta fácil de entender. La Ciencia Política es una disciplina todavía poco madura que hace de sus análisis apenas aproximaciones cuyo resultado no es en muchas ocasiones satisfactorio. El método comparado, que siempre se ha pontificado como uno de los más relevantes para la disciplina, termina siendo poco plausible cuando se demandan interpretaciones urgentes a los sucesos que emergen de manera cotidiana.
En otro orden de cosas, cada caso objeto de estudio tiene peculiaridades que lo hacen a veces configurarse como un proceso único donde la comparación resulta poco eficiente. El peso de la historia con los conflictos originales desatados que se sedimentan en cada país de manera distinta, el impacto de la configuración de los mitos y de cierta cultura política autóctona se entreveran con la influencia del espacio y la secuencia tanto ecológica como biológica derivada, sin olvidar el propio peso de la geografía. Luego están los diseños institucionales que introducen matices que a veces son únicos en el entramado constitucional. En fin, las propias dinámicas sociales desarrolladas en torno a cuestiones como el nivel de desigualdad socioeconómico, la diversidad lingüística, religiosa, étnica. La unidad de análisis que entendemos como válida, el sistema político, termina siendo muy compleja y requiere de miradas que profundicen en su casuística individual.
Las miradas, entonces, se entrecruzan y logran, cuando se tiene pericia y conocimiento, establecer un diagnóstico que integra lo que ocurre inesperadamente en la calle con lo que acontece en el ordenamiento público que, además, siempre está sujeto a interpretaciones, si no caprichosas, si azarosas. Por demás está también decir que la ideología, los valores, del analista desempeñan su papel. Se requiere un sentido especial para mirar la realidad interpretando lo acaecido y, a la vez, un estricto conocimiento de metodologías, técnicas y, claro está, teoría para que el análisis sea lo más sólido posible.
Bolivia, o si se prefiere, el sistema político boliviano es de una enorme complejidad. Lo es tanto si se hace una aproximación al mismo valorando sus aspectos formales como los informales. Fue un país quintaesencia de la inestabilidad política hasta alcanzar cotas de estabilidad insólitas en su historia, incorporó un modelo insólito al acervo comparado como fue su modelo de presidencialismo parlamentarizado y supo abordar, aunque no sin dificultades, la cuestión plurinacional y, en cierto sentido, la tensión entre el occidente y el oriente del país. También confrontó la personalización de la política tan en boga en el último cuarto de siglo y supo del significado de las alianzas dispares con países de la región. La democracia ha sufrido, pero no más que en los países vecinos, y ha sabido canalizar la alternancia por la que la oposición ha llegado a gobernar tanto en la primera década de este siglo como en la actualidad.
El análisis especializado sobre el país tiene una larga tradición de al menos medio siglo, si bien la tradición de los estudios sociológicos siempre se impuso a los de corte politológico. Pero los cambios vertiginosos que ha vivido el país desde el inicio de este siglo y que se han acentuado en los últimos siete años hacen necesaria una revisión de los importantes análisis entonces confeccionados. Más aun dándose la circunstancia de que el país cuenta con una buena pléyade de intelectuales afines a la ciencia política. Este libro es una prueba de ello.
Uno de sus aciertos indudables es, precisamente, la combinación de textos académicos con otros de opinión que el autor publica quincenalmente en medios bolivianos y latinoamericanos. El análisis académico riguroso validado por pares independientes se complementa con la opinión sensata que configura una suerte de pistas del acontecer cotidiano de los últimos años lo cual sirve también para tener constancia de los asuntos que, a juicio del autor, merecieron mayor atención en el lapso abordado. El lector poco conocedor de la vida política boliviana tiene así una clara ruta de lo acontecido mientras que el experto goza de valoraciones que puede contrastar con las suyas propias. En todo caso el trazado del acontecer es en sí mismo un trabajo de indudable valor.
Franz Flores, del que tuve el placer de ser profesor durante su doctorado en FLACSO Ecuador, logra en esta obra un equilibrio envidiable en el quehacer de todo estudioso de la política. Conjuga el rigor con la pasión, algo que quien se acerque a este texto debe valorar con independencia del juicio que le merezcan algunas posiciones controvertidas, pero no por ello irrebatibles, del autor.
Los textos de esta obra se agrupan en cuatro partes. La primera lleva por título: Bolivia, elecciones presidenciales y legislativas de 2019 en un contexto de debilitamiento de la democracia. La segunda se denomina: la política en tiempos de pandemia. La tercera aborda las elecciones del año 2020 y la debacle del MAS. La última se centra en el fin del ciclo político del MAS y en la presidencia de Rodrigo Paz.
Franz Flores Castro (2026). Democracia vacía: Sistema político fragmentado y Estado débil en una Bolivia en transición. Sucre: Investigasur. ISBN: 978-9917-0-7766-4, 238 págs.