Marzo marcó el regreso a clases en Panamá. Miles de niñas y niños retornan con la ilusión de un nuevo año lleno de aprendizaje y experiencias, pero para muchos también significó algo más básico y urgente: volver al lugar donde saben que recibirán al menos una merienda y un almuerzo seguro. En nuestro altamente desigual país, las escuelas funcionan no solo como espacios de formación, sino también como red de protección social. Estudios recientes sobre las condiciones de vida en Panamá señalan que cerca del 29% de los hogares panameños enfrenta algún grado de inseguridad alimentaria, una cifra que aumenta a casi 50% en áreas indígenas. En ese contexto, cada inicio del calendario escolar recuerda que, para muchos estudiantes, a la escuela no solo se va a aprender, también garantiza que al menos por unas horas al día el estómago no esté vacío.  

Como investigadora de desigualdades en la salud, el tema de la nutrición infantil fue uno de los que más llamó mi atención. Entendiendo que el llevar vidas saludables depende mayoritariamente de factores fuera de los sistemas de salud me llevó a querer entender como los programas de nutrición escolar, principalmente el Programa de Alimentación Complementaria (PACE), apoyan la buena salud y bienestar de la infancia panameña.  

Para mi es importante resaltar la voz de las comunidades dentro de la investigación. Por eso propuse un estudio que busca entrevistar a beneficiarios de estos programas y realizar observaciones de cómo se desarrollan los programas en práctica. Mi investigación tambiénincluye la revisión de documentos oficiales sobre los programas de alimentación escolar. He encontrado discrepancias en lo que está establecido en la ley no. 35 del 6 de julio de 1995 versus la práctica. Por ejemplo, el contenido nutricional de los alimentos distribuidos en la merienda escolar. Mientras que la galleta nutricionalmente mejorada se encuentra dentro de los parámetros, este no es el caso de la crema nutritiva enriquecida. La ley indica que “Las cremas nutritivas enriquecidas tendrán un aporte nutricional no inferior a 350 calorías y 12 gramos mínimos de proteínas por cada 100 gramos del producto”, sin embargo una tabla presentada en el sitio web del MEDUCA (https://www.meduca.gob.pa/organizacion/dir-nal-de-nutricion-y-salud-escolar/programa-de-alimentacion/)  indica que 8 onzas (226 gramos) de la crema solamente aporta 180 calorías y 7 gramos de proteína. Los estudiantes que reciben la modalidad de crema no están recibiendo los nutrientes requeridos por la ley. 

En el año 2025 realicé un par de actividades de sondeo, fuera de las instalaciones de MEDUCA, una en la capital y otra en el interior del país con maestras y madres de familias de diferentes escuelas dentro de estas zonas. En la capital, solo una escuela reportó recibir la modalidad de crema, y ambas zonas la reciben esporádicamente. Representantes de estas escuelas reportaron la preferencia de las niñas y niños a la modalidad de crema, y que también satisface su hambre por más tiempo que la modalidad de leche.  

Dentro de estas actividades de sondeo pude identificar otra discrepancia entre lo establecido en la ley 35 del 1994 y como se desarrolla el programa en vida real. Uno de los artículos de la ley señala que “Este programa bajo ninguna circunstancia podrá ser suspendido durante el período escolar, por lo que el Ministerio de Educación incluirá anualmente, en su presupuesto de funcionamiento, los recursos para ello, sin que se afecten los programas de alimentación escolar existentes”. La siguiente es una cita directa de una profesora de una de las escuelas de la capital: Los niños piden la merienda, pero el problema es la entrega. Debíamos llamar al MEDUCA y Estrella Azul por retrasos en la entrega”. Dos profesoras de una escuela del interior compartieron que su escuela no recibió el programa por un año entero, y que a pesar de que se ha vuelto a implementar, la remesa solo dura para tres días de la semana.  

El propósito de este estudio es resaltar las experiencias vividas de aquellos beneficiados con el programa, tanto las experiencias positivas como las negativas. Maestras y madres de familia de todas las escuelas que participaron en nuestras actividades de sondeo reportan que el programa es muy bueno y además necesario, particularmente por la inseguridad alimentaria que estudiantes en ambas zonas experimentan. La merienda, y el programa de almuerzo escolar, constituyen excelentes estrategias para combatir este problema. También sirven como incentivo para la asistencia y desempeño escolar. Mi meta es poder seguir realizando este tipo de actividades, entrevistas y observaciones, sin embargo, he encontrado algunas limitantes.  

He contactado a directores y maestros de distintas escuelas a nivel nacional que están interesados en participar, pero que indican que sin un permiso del MEDUCA no pueden recibirnos en las escuelas. Desde febrero de 2025 he intentado conseguir estos permisos , en el marco de una colaboración, y poder desarrollar entrevistas con estudiantes y observaciones de los procesos relacionados a estos programas. Estos programas son buenos, lo hemos escuchado de maestras y madres de familia. También son necesarios para suplir la necesidad de seguridad alimentaria. Es mi interés como investigadora profundizar la compresión de la importancia y percepción de los usuarios de estos programas.